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Tiempos de salud tecnológica

Juan Ramón de Lucas, periodista de TVE y RNE

Juan Ramón de Lucas

«La Radio me regala cada mañana el privilegio de meterme en la vida de cientos de miles de personas. Para muchas es la única ventana al mundo».

Tiempos éstos en los que no eres nadie si no navegas con soltura de corsario holandés en el mar insondable y profundo de internet. Tiempos en los que un tipo paga 24 millones de euros y se da un paseo hasta la luna (la Luna… que es como la madre). Tiempos estos que vivimos en los que el Olimpo es accesible por fibra óptica y la piel se limpia con láser. El medio es el mensaje y el mensaje es que todo es posible porque el hombre llega a todas partes. ¿A todas partes?; no todos, y no siempre.

La Radio me regala cada mañana el privilegio de meterme en la vida de cientos de miles de personas. Para muchas es la única ventana al mundo. Son esos vendedores de cupones que a veces nos llaman mientras están atendiendo a clientes, o esos enfermos que siguen en la cama o postrados en cojines, o los que desde la limitación para trabajar –porque no pueden moverse– matan el ocio y amortiguan la soledad enchufados al calor de nuestras historias.

El mundo, los medios… la radio misma, nos machaca cada día con la arcadia feliz de las comunicaciones universales y la capacidad por encima de límites y barreras. Pero yo estoy aprendiendo cada mañana de estos amigos que escuchan y reciben que en eso de las comunicaciones quedan muchas lagunas, unos cuantos puntos oscuros y caminos a la mitad que alejan de la fiesta a un numeroso grupo de ciudadanas y ciudadanos capaces por principio y energía y discapacitados por definición social.
Pienso en ellos en días como hoy, un día cualquiera, una mañana más, porque aunque los progresos tecnológicos van poco a poco consiguiendo que ellos lo tengan algo más fácil, falta un elemento de impulso esencial para que los nuevos tiempos sean buenos en todas partes: la conciencia de los límites imposibles.

No sé si la fe mueve montañas, pero sí que la confianza, la determinación de no marginar y la certeza de que sólo nos separa una capacidad física, son elementos esenciales para que sea de todos este mundo de progreso tecnológico que nos va permitiendo avanzar como sociedad.

Acaso sea un mensaje ingenuo, pero vale la pena volver a ponerlo en el aire en estos tiempos: sólo rompiendo las barreras mentales, abriendo generosamente el corazón a quien la vida ha puesto límites parciales, podremos sentirnos realmente humanos, realmente inteligentes, realmente vivos. Lo otro es ser incapaz de quitarse la venda, generalizar la discapacidad que todos los demás tenemos para ver la verdad de las cosas.

 

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