Fernando Romay, ex jugador de baloncesto

Jueves, 02 de Febrero de 2006
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Diferente por altura no, exótico sí

Romay 2.Fernando Romay Peireiro, coruñés de nacimiento desde el 23 de septiembre de 1959, casado y padre de tres hijos, debuta en el Real Madrid durante la liga 76–77. Fue 174 veces internacional con la selección española, se incorporó en la liga ACB en el año 89 y, aunque en 1995 decidiera retirarse de la práctica activa del baloncesto, su simpatía le ha catapultado a los medios de comunicación, pero no por ello ha dejado de tener sus “superpiés” en el suelo manteniéndose como siempre, como una persona sencilla y cercana, consiguiendo meterse en el bolsillo a cualquiera que se precie. Lo cierto es que desde el fin de su carrera deportiva hasta ahora, no ha parado.

Quizá fue su altura, quizá sus enormes zapatillas o a lo mejor su desgarbado aire de gallego reconvertido a estrella del baloncesto. Lo que está claro es que Fernando Romay se ganó el cariño de la afición pese a sus discretas condiciones.

Al dejar el baloncesto comenzó a dedicar su tiempo a la promoción del deporte entre la juventud , y a la lucha contra el consumo de drogas. Hoy día continúa con esta lucha desde diferentes ámbitos y está inmerso en varios proyectos educativos y solidarios.

Teresa Montero

—En septiembre le pudimos ver en el pelotón de la promoción de la Fundación Quijote con la Vuelta Ciclista a España, es director de Deportes de la Fundación Cultura y Deporte de Castilla-La Mancha y continúa en el programa de TVE1 “Mira quién baila” ahora como miembro del jurado. ¿Le queda tiempo para algo más?

F.R. Sí, todavía me queda tiempo para mi familia y en 24 horas se pueden hacer muchas cosas. Es importante que estemos presentes en muchos sitios, porque eso significa que estamos activos, que hacemos cosas. El que se hable de uno y se recuerden tantas cosas significa que sí, que estiro el tiempo todo lo que me parece que merece la pena estirarlo.

—De todas estas actividades, la de mayor repercusión ha sido su participación en “Mira quién baila”, donde llegó casi a la final. ¿Se lo esperaba?

F.R. No, en absoluto. A mí cuando me dijeron: vamos a hacer un programa para la televisión en el que vas a bailar tú durante 13 semanas y tal... Yo me pregunté: ¿quién me va a ver a mí bailando? La verdad es que el formato una vez visto cómo lo tenían pensado, es muy bueno. Es un éxito, no sólo por estar yo ahí metido, sino porque fomenta el valor de la solidaridad. Indirectamente, trabajamos para conseguir dinero para distintas Ong y, además, hablamos de la solidaridad bien entendida, aquélla en la que no es necesario un enorme sacrificio. No se precisa un esfuerzo supremo para ayudar a los demás sino que, simplemente, divirtiéndonos podemos ayudar a los demás. Y en segundo lugar, se está descubriendo la faceta artística, como bailarines, de diferentes personalidades, de varios artistas, de personas que están haciendo cosas que habitualmente no hacen.

—Gracias a este programa hemos descubierto una faceta suya hasta ahora desconocida. ¿Qué le ha parecido la experiencia de bailar en un plató?

F.R. Muy bien. Me ha divertido. Pasé miedo y tuve nervios, pero creo que he mejorado mi forma de bailar.

—¿Le ha resultado difícil?

F.R. Sí. Muy difícil, porque rodamos en directo y el baile tiene que salir bien en un momento idóneo. La verdad es que cuanto menos estás tenso, porque quieres hacerlo bien. Pero como hay un buen rollo general, merece la pena pasar el trago de cada lunes. Estas concentrado, acabas sudando, cansado y te sientes preocupado, pero piensas en el objetivo y que te salga el resultado esperado, lo cual, te anima y además te diviertes.

Romay 1—Se sabe de usted que es una persona solidaria y comprometida con la juventud. Por ello recibió el premio “Engánchate a la vida FAD-ACB” de la Fundación Antidroga. ¿Cree que se debería hablar más de esto, o considera que hay que ayudar más y hablar menos?

F.R. Es importante ayudar más y hablar menos. En absoluto mi pretensión es que digan “¡Jo, qué bueno es y tal!” Reconozco que lo que podemos aportar a las Ong con las que colaboramos, la gente que más o menos somos conocidos, es la posibilidad de hacer llegar al gran público todo lo que pueda hacer esta gente. Pero quien realmente se merece todos los elogios son esas personas que están con quienes más lo necesitan día a día. Me refiero a los voluntarios, a los cuidadores, a los educadores, a los médicos... toda esa gente que verdaderamente hace sacrificios a diario con los más necesitados. Esas personas son las que realmente deben recibir todos los premios. Pero bueno, lo crucial es que la gente se dé cuenta de lo importante que es ayudar, sin necesidad de tener un espíritu de sacrificio tremendo.

—Es evidente que su estatura le ha ayudado en su carrera como jugador de baloncesto. Fuera de este ámbito, ¿ha supuesto un beneficio o un problema medir 2,13 metros de altura? ¿Se ha sentido discriminado, o discapacitado en algún momento por este motivo?

F.R. No entiendo mi vida sin medir eso, porque no he vivido otra vida. Es un beneficio en algunas cosas para mí, pero tampoco sé cómo serían otras cosas sin medir lo que mido. No me he sentido discriminado, pues desde joven aprendí a aceptar esta condición, el hecho de ser tan alto y diferente.

—¿Le crea dificultades ser tan grande?

F.R. Sí, pero fácilmente solucionables. Con un poco de ingenio y de adaptación, son prácticamente solucionables todas las dificultades que puedas tener. Lo que ocurre es que tienes que acostumbrarte a vivir en un mundo que no está preparado para ti.

—¿Se ha sentido alguna vez diferente por la altura?

F.R. Yo no diría diferente, cuanto menos exótico.

—¿Recuerda alguna anécdota curiosa que le haya sucedido por ser tan alto?

F.R. Ahora me pillas. La verdad es que hay miles, cientos, no sé. El hecho de no poder pasar desapercibido en ningún sitio, el intentar coger en las sillas de emergencia de los aviones y no poder porque no entras. No sé, por ejemplo, el ir a una boda y tener un traje maravilloso y debajo de la chaqueta, en la percha, no encontrar un pantalón lo suficientemente largo para ti, por lo cual tengo que ir en vaqueros o en bermudas. De esas, muchas.

—La Fundación Cultura y Deporte de Castilla-La Mancha, de la que usted es director del área de Deportes, ha concedido becas a deportistas paralímpicos, con proyección nacional e internacional, para ayudarles a desarrollar su carrera deportiva. ¿Qué opinión le merecen los deportistas con discapacidad?

F.R. El deportista que merece ser considerado como el mejor, es aquél que se enfrenta a mayores barreras y consigue superarlas, y ése es el caso de los deportistas paralímpicos. Si hay algún deportista que ha de ser considerado deportista con mayúsculas es el deportista paralímpico. Merece mi más absoluto respeto, reconocimiento y consideración.

—¿Le parecen suficientes las actuaciones que se llevan a cabo para impulsar el deporte paralímpico?

F.R. Siempre que haya algún deportista que no pueda hacer deporte, son insuficientes. Indudablemente esto se está mejorando día a día. Diferentes organismos, empezando por el Comité Paralímpico Español, están tomando cartas en el asunto. Existe gran cantidad de gente que se preocupa, cada vez más, por mejorar el deporte para estas personas. Hacer deporte de mejor calidad y en mayor cantidad, con lo cual estupendo. Por ejemplo, la Junta de Castilla-La Mancha, a través de la Consejería de Deportes, trata en igualdad tanto a los deportistas olímpicos como a los paralímpicos. Estos últimos, son atletas que participan, que hacen deporte en nombre de la región. Se trata de deportistas que tienen acceso a becas en igualdad de condiciones con cualquier deportista de la región, cuyo objetivo final es hacer deporte de mayor calidad.

—¿Cree que desde los tiempos en los que usted jugaba al baloncesto, hasta ahora, se ha avanzado mucho en la integración de los deportistas paralímpicos?

F.R. Sí, claro, y cada vez irá a más. Pero no hay que dormirse en los laureles y dejar de seguir impulsando el deporte. No hay que olvidar que estos deportistas son lo que son, unos grandes atletas, competitivos y luchadores como el que más. No se debe dejar de ver a los deportistas paralímpicos como lo que son, unos deportistas natos.

—Hace poco se aprobó en España la puesta en marcha de un Plan de Apoyo al Deportista Paralímpico (ADOP) para promover y facilitar la preparación de estos deportistas . ¿No cree que ya era hora, teniendo en cuenta que estos deportistas conquistan muchas más medallas que los olímpicos?

F.R. No es cuestión de cantidad, sino de calidad, de que estas personas puedan hacer deporte de la mejor manera posible, de que puedan tener ayudas para que el hecho de hacer deporte no interfiera en su vida ordinaria, sino que sea un elemento integrador en la vida de todos y cada uno de ellos. Estos planes se están realizando con mucha cautela y con mucho cariño. Poco a poco el deporte paralímpico se está situando en el lugar donde le correspondía desde hace ya mucho tiempo.

«Si hay algún deportista que ha de ser considerado deportista con mayúsculas es el deportista paralímpico. Merece mi más absoluto respeto, reconocimiento y consideración»

«El movimiento asociativo está trabajando mucho en la divulgación de enfermedades que a veces no son muy conocidas, y pone en contacto a unos pacientes con otros para crear ese sentimiento de ayuda en común, para que puedan contarse las experiencias y aprender unos de otros».

—Como deportista, ¿qué beneficios del deporte destacaría?

F.R. Hombre, como deportista no concibo la vida sin el deporte. A partir de ahí me resultaría difícil destacar algún beneficio. Me resultaría difícil elegir. Para mí el deporte es todo. Engloba muchos aspectos positivos.

—¿Hasta qué punto influye el deporte positivamente en la vida cotidiana?

F.R. Practicar deporte, y mucho más importante si se hace desde la más tierna juventud, te aporta unos muy valiosos valores educativos y también unos tremendos valores sociales. La práctica del deporte te ayuda a relacionarte con los demás, a ser fuerte, a no temer a los retos difíciles, a ser tolerante, a saber respetar. Es cierto que infunde energías positivas y que nos ayuda a relacionarnos favoreciendo la integración de determinadas personas. El espíritu competitivo nos conduce al camino de la superación personal, nos da fuerzas para seguir adelante.

—Dicen que el deporte contribuye a enseñar, a quienes lo practican, a luchar contra las dificultades que se les presenten en su vida diaria. ¿A usted le ha ayudado a superar alguna situación especial?

F.R. Muchísimas. A lo largo de la vida se te plantean problemas. En el momento en que, por primera vez, te enfrentas a un problema piensas que no tiene solución, pero lo que hace el deporte es ayudar a enfrentarte a él sin miedos, con fuerza y esperanza. El deporte es como la vida misma, pero en poco tiempo. Te enseña a solventar y solucionar situaciones adversas. Se alcanzan metas, con paciencia y poniendo algo de tu parte.

—De los deportes que usted practica, ¿cuál recomendaría con más ahínco y por qué?

F.R. Naturalmente, el baloncesto. Porque es el que más he practicado, el que más me gusta y, de entre todos, uno de los más completos que hay. Es un deporte de equipo, con lo cual te relacionas con muchas y diferentes personas. En valores, creo que de los mejores. Es de los pocos deportes en los que te obligan a levantar la mano cuando te sancionan, aunque estés muy en desacuerdo con la falta que te han impuesto. Entonces, a partir de ahí, te das cuenta de que existe una forma de acatar las normas, de obediencia y respeto exportable a diferentes aspectos de la vida en sociedad. Además, el baloncesto es muy divertido y de eso trata el deporte, de diversión.

—Una vez dijo “La solidaridad no tiene que ser un acto de sacrificio enorme, puede ser divertido ayudar”. ¿Qué quiso decir exactamente con estas palabras?

F.R. Que muchas veces, si no se tiene vocación de sacrificio, la gente cree que es complicado ayudar, pero no es así. Simplemente practicando tu hobby puedes ayudar a los demás. Ahora hay un mal tremendo, la soledad. Parece mentira que estando en la sociedad de la comunicación estemos como estamos. Existen redes mundiales de comunicación, Internet y todo esto, pero hay personas que están muy, muy solas. Creo que, simplemente, acercándote a personas que están solas ya ayudas. Que te gusta leer, pues a leerle un libro; que te gusta, no sé..., pintar, pues a pintar con ellos. No sé, tú con tu hobby puedes ayudar a los demás, es decir, divirtiéndote.

—¿Qué percepción tiene del movimiento asociativo de la discapacidad?

F.R. Me parece que está trabajando mucho y muy bien en varios aspectos. Por una parte, en la divulgación de enfermedades que a veces no son muy conocidas, y pone en contacto a unos pacientes con otros para crear ese sentimiento de ayuda en común, para que puedan contarse las experiencias y aprender unos de otros. Por otra parte, se encuentran las grandes asociaciones que realizan gran cantidad de actividades con las que ayudan a conseguir una mejora en la calidad de vida de las personas con discapacidad. Pero es un camino tan largo, tan largo, que siempre queda mucho más por hacer de lo que ya se ha hecho, lo que conlleva a un trabajo y esfuerzo constante.

Romay 3—¿Cuáles cree que son las actuaciones más urgentes a llevar a cabo para alcanzar la tan ansiada plena integración de las personas con discapacidad en la sociedad?

F.R. Creo que las más urgentes no sólo están en el terreno de los discapacitados, sino en el ámbito del resto de la sociedad. Todos nosotros tenemos que aprender a hacerles la vida más fácil. Pienso que es importante que cuando se haga una infraestructura esté adaptada. Para que sea útil a las personas con discapacidad, para aquéllos que tengan la movilidad reducida. Debemos ser conscientes a la hora de aparcar el coche y no pensar que por coger un trozo de vado no va a pasar nada. Para darme cuenta del problema, tuve la suerte de estar en un pueblo de Alicante, en Almoradid, paseando por sus calles en silla de ruedas, y la verdad es que resulta muy difícil vivir con normalidad si vas en silla de ruedas. A veces somos muy insolidarios.

—Aunque sólo sea por una cuestión de altura, usted habrá percibido alguna vez el problema de las barreras arquitectónicas.

F.R. Sí, por supuesto. Siempre he dicho que las barreras arquitectónicas no sólo están en el suelo, también se encuentran en el techo. Suena a broma, pero es la realidad. Barreras arquitectónicas hay para todos.

—Desde su punto de vista como deportista, ¿qué recomendación le daría a las personas que sufren algún tipo de discapacidad?

F.R. No soy nadie para recomendar nada. Pero les diría que si tienen la posibilidad de hacer deporte, que lo hagan. Esto les va a ayudar a mejorar muchísimo su vida. Les pondrá en contacto con diferentes personas, les facilitará las relaciones humanas, se sentirán más seguros de sí mismos. La práctica de un deporte puede proporcionar experiencias maravillosas y gratificantes y las personas con discapacidad se merecen todas las alegrías posibles.

—¿Qué proyectos tiene para este próximo año?

F.R. Vivir, que no es poco. Disfrutar de la vida y si puede ser como este año, mejor. Y si consigo mejorar, ya sería increíble. Pero en principio, vivir. Ahora mismo estoy metido en una campaña sobre el Juego Limpio de la Fundación de Castilla-La Mancha. Llevo, y seguiré llevando, los valores del deporte a todos los rincones pero, sobre todo, vivir para ayudar a los demás.