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«Es necesario un compromiso político e individual para entender la discapacidad»

Carlos Sobera 3Su movimiento de ceja no es lo único que hace popular a Carlos Sobera. El presentador, actor y ex profesor, también es conocido por su espíritu solidario y comprometido. Amable y cercano, Sobera da muestras de la naturalidad con la que ha realizado desde siempre sus tareas de cooperación con diferentes organizaciones. Siempre que puede presta su apoyo a entidades que ayudan a colectivos como el de la discapacidad o a países en vías de desarrollo, presenta galas benéficas o colabora en recolectas. Y lo hace como si de una obligación social se tratase, pues siempre piensa que “no hace lo suficiente”.

Su larga trayectoria profesional le precede. Aunque el programa “¿Quiere ser millonario?” le proporcionó gran parte de su notoriedad, otorgándole en 2001 el TP de Oro al mejor presentador, ha conducido otros concursos como “Números locos”, “¿Hay trato?” o “Date el bote”, programa que aún presenta en la cadena autonómica Euskal Telebista (ETB2), a la vez que podemos verle en las pantallas de Antena 3 con una nueva adaptación del programa que le convirtió en uno de los presentadores más populares del momento.

Este licenciado en Derecho y ex profesor de la Facultad de Ciencias de la Información del País Vasco, también es actor de cine y teatro. Algunos de los filmes en los que ha participado son “Pacto de brujas”, “El forastero” o “El lápiz del carpintero”. Lo vimos en televisión en series como “Al salir de clase” y en teatro con “El club de la corbata”. Entre proyecto y proyecto, ahora pretende actuar y producir una función teatral nueva cuando encuentre un hueco en su apretada agenda, previsiblemente sobre enero de 2006. Arde la tarde, Al salir de clase, Señorío de Larrea.

Jéssica SM Hernández

—El programa “¿Quiere ser millonario?” ha vuelto con usted a la cabeza, ahora en Antena 3. Gracias a él consiguió en 2001 el TP de Oro al mejor presentador, ¿qué espera conseguir en esta nueva etapa?

C.S. En un nivel más material, espero conseguir audiencia, ya que es necesario que la gente lo vea y disfrute con él, porque sino, no hay forma de seguir. Y luego, lo que busco en cualquier trabajo, que me entretenga y me permita crecer profesionalmente, y este programa me lo permite, me divierto mucho haciéndolo y eso, para mí, es fundamental. En este momento, lo que realizo me permite crecer, porque se trata de una nueva etapa con una forma de trabajo un poco diferente que la de hace unos años.

—Este año fue uno de los presentadores de la gala anual “Inocente Inocente”, que en esta ocasión recaudó fondos, además de para los afectados del Tsunami, para quienes sufren una discapacidad por lesión medular. ¿Qué le aportó?

C.S. Fue una experiencia muy buena porque, para mí, ayudar en este contexto es muy importante ya que, de alguna manera, se intenta normalizar algo que se ha convertido en especial, no anormal. A mí el tema de las discapacidades me afecta mucho porque, aunque cualquier enfermedad es terrible, creo que la discapacidad es un fenómeno especial que de repente llega a tu vida y te la cambia de una forma rápida y traumática. Por ello, veo tan necesario e importante colaborar también en este sentido.

—No es la primera vez que Carlos Sobera interviene en un acto de apoyo a las personas con discapacidad, ¿no es así?

C.S. He colaborado en varios especiales benéficos que las televisiones realizan siempre en Navidad, con entrevistas y recolectas. Pero, en el fondo, siempre te queda mal sabor de boca porque tienes la impresión de que no haces lo suficiente, o por lo menos, no todo lo que uno quisiera. Cuando te metes de lleno en estas tareas, ves que existe una gama enorme de cosas por hacer y te das cuenta de que requieren un poco más de tu tiempo y compromiso. No obstante, está bien concienciarse, tenerlo presente y aportar, aunque sea poco, si bien, también es verdad que hay gente que aún está demasiado ocupada mirando el color de su ombligo y no hace nada por cambiar estas situaciones.

«El problema de la discapacidad no es sólo cómo cambia tu vida de la noche a la mañana, sino, también, que aunque uno haga esfuerzos por incorporarse a la vida social, existen muchas barreras que se lo impiden. Hay que trabajar mucho para conseguir el compromiso de los poderes públicos, pero también el de cada uno de forma individual».

«Es muy importante el compromiso de los poderes públicos en todos los sentidos, la eliminación de barreras arquitectónicas, incorporación a puestos de trabajo de personas con discapacidad, etc., aspectos que dependen de la voluntad política».

«Donar los órganos después de la muerte es algo natural y es una pena que haya, aún hoy, tantas personas a la espera de un órgano que no pueden conseguirlo porque muchos consideran suyo algo que ya poca falta les va a hacer».

—Además de apoyar a organizaciones de desarrollo como la ONG World Vision, ¿colabora directamente con alguna asociación o federación de discapacitados?

C.S. Colaboro con algunas organizaciones como la Asociación de Esclerosis Múltiple de Bilbao, con Manos Unidas o Anesvad. Voy poniendo mi granito de arena allí donde puedo y también donde me llaman. A mí me pasa como a muchas personas, hay tantas ONG y tantas iniciativas de carácter social que a veces uno no sabe dónde colocarse para jugar bien y ser más productivo. Por eso está bien, que las organizaciones den un paso y te digan qué es lo que necesitan y qué es lo que puedes hacer. De esta forma, nos facilitan la elección a quienes queremos ayudar. Además, te enseñan y te dicen lo que necesitan, ya que a veces tan importante como querer ayudar es saber hacerlo, si no, puedes ser un estorbo más que una ayuda.

—¿Cómo le surgió la idea de colaborar con estas organizaciones?

C.S. Desde hace mucho tiempo colaboro de forma individual, con donativos o apadrinando niños. Pero las otras colaboraciones más activas surgieron por iniciativa de las organizaciones. Por ejemplo, en el caso de Word Vision, me propusieron ser la imagen de la organización en España, y para comprometerme con lo que era la entidad me marché a Guatemala, así pude ver de cerca la labor que realizan allí. Ahora colaboro con ellos en lo que me piden. Su trabajo es muy sistematizado y cuando creen que soy necesario me avisan e intento ayudarles en todo lo que puedo.

—¿Qué forma de colaboración considera mejor?

C.S. Lo ideal es que cada uno colabore en la medida de sus posibilidades, con donativos o con ayuda activa, como acciones de voluntariado o trabajo sobre el terreno, pero los que estamos de cara al público podemos realizar otros tipo de funciones y, en este sentido, es muy importante que las ONG hagan bien su trabajo para que cada uno intervengamos en lo que aporte un mayor interés para la entidad y para el colectivo. Así, al final, todos en equipo podemos realizar tareas organizadas que muchas veces a título personal no es posible conseguir. Las ONG tienen la llave de la sistematización del trabajo que es fundamental para que todo vaya bien.

Carlos sobera 1—¿Cómo calificaría la situación actual del colectivo de la discapacidad en nuestro país?

C.S. El problema de la discapacidad no es sólo cómo cambia tu vida de la noche a la mañana de una forma repentina y traumática, sino, también, que aunque uno haga esfuerzos por incorporarse a la vida social, existen muchas barreras que están ahí poniendo impedimentos. Hay que trabajar mucho, fundamentalmente en dos aspectos. Uno es el compromiso de los poderes públicos, que es importantísimo. Es necesario un mayor compromiso por parte de los poderes públicos que, en definitiva, son quienes tienen en su mano la posibilidad de que se produzca la integración real. Pero, además, es necesario generar un compromiso de cada uno a nivel individual, para entender con normalidad el proceso de sufrir una discapacidad en todos los sentidos. Nosotros mismos, a veces, ponemos más barreras de las que hay. Debemos tratar de ver con normalidad este tipo de situaciones para así evitar la creación de una segregación injusta que produce muchas veces unos trastornos incluso peores que la propia discapacidad. Se trata de no robar oportunidades a quienes también las merecen, porque hoy en día existen muchas personas con discapacidad capaces de desenvolverse con cierta normalidad, es decir, tienen suficiente autonomía para llevar las riendas de su propia vida. En este sentido, a veces ni siquiera es necesario ayudar, simplemente respetar la situación. Es un problema de actitud, que siempre es muy difícil de cambiar porque depende de una educación, un respeto y una cultura que se aprende con el tiempo.

—¿Considera que existen aún hoy muchas barreras arquitectónicas?

C.S. Sí. En esto juega un papel muy importante el compromiso de los poderes públicos en todos los sentidos, la eliminación de barreras arquitectónicas, incorporación a puestos de trabajo, etc., aspectos que dependen de la voluntad política, porque sin ella todos acabamos tendiendo al desentendimiento de estas cuestiones. La presencia del Estado aquí es vital.

—¿Piensa que los políticos hacen todo lo posible por la integración de este colectivo?

C.S. No, porque como no hay un impulso público, una voluntad política real, ni una legislación correcta, todo el mundo mira por sí mismo, se tiene la creencia de que se trata de un porcentaje muy reducido de la población y al final la ignorancia es la causa del mayor de los desagravios. Todas estas medidas de integración tienen implicaciones económicas grandes, y cuando topamos con el dinero lo hacemos con el gran poder del mundo, y todo se torna dificultoso. Un ejemplo de ello es la cantidad de edificios que aún hoy se siguen construyendo sin tener en cuenta los parámetros de accesibilidad y que desde su inicio cuentan con trabas para las personas con discapacidad. En estas situaciones, suele ocurrir que si no se tiene a un discapacitado en la propia familia o en el entorno cercano, se ven como cuestiones ajenas y son más difíciles de entender y respetar.

—A menudo, el potencial de los medios de comunicación, así como de los personajes públicos, no es suficientemente aprovechado para movilizar a la sociedad y concienciar sobre estos temas, ¿no cree?

C.S. Sí, se suele desaprovechar el poder de movilización, pero hay tantas cosas que se desaprovechan que ésta sería una de las menores. Este potencial podría ser mejor utilizado si las ONG intentaran sacar partido de todos los recursos que pueden conseguir y, en este caso, los testimonios y aportaciones personales de personajes relevantes para la opinión pública pueden ser muy enriquecedores e importantes para mover conciencias, que es lo que hay que hacer. 

—¿Está poco reflejada en la televisión la realidad de este colectivo? ¿Qué sería necesario para que este reflejo fuese más real?

C.S. El colectivo de la discapacidad no se ve reflejado en proporción al porcentaje de la población que supone en realidad. Esto responde a que la televisión no se preocupa de las minorías y, aunque se cifre un total de más de tres millones y medio de personas, lo que supone un colectivo enorme, sigue siendo una minoría para estos efectos, como muchas otras. Su conciencia social la calla de otras maneras, por ejemplo a través de documentales o programas especiales puntualmente. Ojalá existiera en este sentido una incorporación, no sólo en el plano técnico de las televisiones, que ya muchas lo hacen, sino también en imagen, en las series, programas o informativos, donde estas personas puedan tener presencia y, a la vez, concienciar a la población.

Carlos Sobera 2—En alguna ocasión ha declarado que no se necesita mucho dinero para ayudar a quienes más lo necesitan.

C.S. Es verdad, porque, después de todo, los pequeños donativos que aportan algunas personas son muy importantes ya que contribuyen a engrosar la ayuda global por la que trabajamos todos. Por eso, aunque esas cantidades nos parezcan mínimas, merecen la pena. Es esencial pensar siempre en positivo y colaborar en la medida de las posibilidades de cada uno. No debemos creer que no se consigue nada, ya que si todos actuásemos igual, no habría la más mínima fuente de ingresos, y se necesita mucho dinero para realizar todos los proyectos que están aún pendientes.

—Sabe que España está a la cabeza de donaciones en Europa, ¿Cuál es su opinión sobre los donantes?

C.S. La actividad de los donantes de órganos me parece una acción maravillosa, con independencia de que uno crea o deje de creer en el más allá. Donar los órganos después de la muerte es algo natural y es una pena que haya, aún hoy, tantas personas a la espera de un órgano que no pueden conseguirlo porque muchos consideran suyo algo que ya poca falta les va a hacer. La donación es un gesto supremo de generosidad que los familiares de los fallecidos también agradecen.

—Actualmente vive a caballo entre Euskadi y Madrid.

C.S. Sí, aunque vivo físicamente en Madrid estoy siempre yendo y viniendo a San Sebastián,  donde grabo el programa “Date el bote”, en los estudios de ETB2.

—Además de presentador es también actor de televisión, cine y teatro, ¿está desarrollando algún proyecto en la actualidad?

C.S. Hasta diciembre seguiremos haciendo el programa ¿Quiere ser millonario?, en Antena 3, y hasta junio continuaré con “Date el Bote”, en ETB2. Aprovechando que no vuelvo a Antena 3 hasta junio de 2006, intentaré combinar el programa de ETB2 con el estreno de una obra teatral que estamos preparando. Es mi próxima ambición profesional. Se trata de una función teatral sobre textos de Pep Antón Gómez o Santiago Moncada que, además, pretendo producir yo mismo. Durante todo este año he estado haciendo doblete con los dos programas y lo hemos ido retrasando, por prudencia, porque meterse en teatro requiere mucha dedicación, es un trabajo muy exigente, por las giras y los ensayos.

—¿Qué faceta de Carlos Sobera nos queda por conocer?

C.S. Seguiré ahondando y profundizando en mi trabajo y en mis compromisos, tanto profesionales como personales, que en el fondo es lo que siempre nos queda por hacer a todos. Que el público esté tranquilo, porque no tengo intención de revelarme, ni como cantante, ni como político, ni nada por el estilo.

—¿Cuáles son algunos de sus deseos personales?

C.S. Siempre es el mismo, ser feliz, a ser posible de la forma más sencilla, que es la que más dura. Disfrutar del amor, de los amigos, de la vida, del tiempo libre... Intentar que la gente que me rodea sea igual de feliz o más que yo. No hay otra cosa, creo que pedir ser feliz es ya bastante ambicioso. Respecto a la labor que realizáis, tenéis todos mis respetos por vuestro trabajo y os deseo la mayor ‘mierda’ del mundo, como se dice en mi profesión. Y para cualquier objetivo que os planteéis ahí estaremos, todos, para conseguirlo.

 

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