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«Las personas con discapacidad han de ser valientes y no quedarse en casa sin hacer nada»

Moncho Borrajo 1Polifacético donde los haya, Moncho Borrajo lleva más de treinta años sobre los escenarios derrochando talento e ingenio. Arquitecto de formación, humorista de profesión y de naturaleza, pintor de prestigio. Escritor ocasional y compositor, se gana la vida haciendo reír a la gente con un humor agudo y brillante. El secreto del éxito de este gallego de pro, que identifica su tierra allá donde encuentre a un paisano, es la sinceridad y la ternura que pone en todos sus trabajos y que regala al público en cada función.

A sus 56 primaveras, Borrajo recuerda que fue un niño solitario y parlanchín, hijo único, que se sentía incomprendido por los chicos de su edad y fuera de lugar con los mayores, hasta que a los 21 años descubrió la razón de su aislamiento: era superdotado. De alguna manera, ha sabido cómo se siente una persona al ser diferente de la gente que le rodea y las dificultades que eso conlleva.

A pesar de contar con un lugar privilegiado entre los cómicos, Moncho, reivindica la falta de atención que se les presta a los humoristas siempre recordando lo mucho que significa para él emocionar y sorprender a la gente. A través de sus palabras, se descubre como una persona sensible, generosa y solidaria, amigo de sus amigos, a quien le preocupa el mundo que le rodea y las personas que viven en él. De esta preocupación por la gente surgió la idea de hacer accesible el teatro que tiene desde algunos años en Madrid, el Amaya, situado en la céntrica calle de Martínez Campos, para que todas las personas, con y sin discapacidad puedan disfrutar por igual de sus espectáculos.

Laura Liz

—Desde enero de 2004 está representando por los escenarios de toda España “Cosas mías” ¿Cómo ha sido la respuesta del público durante todo este tiempo?

M.B. Es un espectáculo que lleva mucho tiempo. Empezó ya hace dos años y lo hemos ido corrigiendo y adaptando según las circunstancias, entre otras cuestiones, por razones internas. Cosas Mías es un espectáculo que empezó siendo la vuelta al Moncho Borrajo del comienzo. Al principio era un espectáculo más coral y al final se ha quedado en algo más pequeño, incluso le hemos cambiado el nombre y ahora se llama Éste y yo. Tiene parte de canciones y que pretende divertir al público hablando de temas políticos actuales que se van renovando. En él me invento una poesía con el nombre de unas veinte mujeres del público, eso le sorprende mucho a la gente pero en mis espectáculos las bromas van siempre dirigidas a los poderosos, los políticos, los ricos, etc.

Moncho Borrajo 2.—¿En qué tiene la cabeza ahora? ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

M.B. El próximo espectáculo que empezaremos en septiembre se va a llamar España Cabaret, está basado en mi último espectáculo y en él van a trabajar también Rosa Valentí y J.L. Mosquera. La idea es hacer un paso intermedio entre el cabaret y la revista. La gracia reside en recuperar todo aquel concepto del cabaret picantón, que creo que la gente joven no conoce y a los mayores les encantaba.

—Después de tantos años en los escenarios ¿cree que ha cambiado la situación del teatro desde que empezó? ¿Qué cosas permanecen?

M.B. Lo que no ha cambiado son las ganas que tiene el público de divertirse. Los problemas existen en casa, y la gente no quiere ver cosas trágicas a menos que sea una obra magníficamente hecha. Los jóvenes quieren ver otro tipo de teatro, no quiere problemas. Eso sí, el público ahora tiene un nivel cultural superior y eso se nota. Antes el número de personas que estudiaban era menor, entonces cuando una persona acudía al teatro su nivel cultural afectaba obligando al cómico a ser prudente. Hoy se nota una gran mejoría en ese sentido, lo que obliga también a subir el listón. Realmente cuando el público va a un teatro a ver a una persona como yo, lo que quiere es divertirse. Piensan, “llevo toda la semana trabajando me voy a reír un poco”.

—Aparte de actuar, ¿qué otras cosas le gusta hacer a Moncho Borrajo?

M.B. Pinto, soy pintor, he hecho la carrera de Bellas Artes. Ese será el futuro de mi vida cuando deje de actuar, seguiré pintando. Además escribo un libro cada dos años, ya llevo un total de 16 en mi haber, que suelen ser novelas o libros de frases, algunos de humor, tengo uno de poesía, y los voy haciendo en gallego y castellano. Además, todos los días intento estar al tanto de lo que ocurre porque el mundo del humor no es como el de la canción, que cantas una canción y te vale para toda la vida, tienes que saber lo que ocurre para avanzar.

Moncho Borrajo 3—Sabemos que es consciente que en nuestro país todavía hay personas que no pueden disfrutar de un espectáculo porque las instalaciones no están adaptadas a sus necesidades. ¿Qué piensa de la situación de todas estas personas que no han podido pisar nunca un teatro por las barreras físicas?

M.B. El problema de las barreras en estos edificios es importante y más en los oficiales. En el teatro Amaya, cuando decidimos adaptarlo quisimos hacerlo lo mejor posible. Hemos puesto una rampa amplia que llega hasta la calle por la que se puede acceder al patio de butacas. Se puede acceder al interior por el pasillo central y por los laterales, hemos reservado sitios para sillas de ruedas y se han colocado también bastantes barandillas. Pero la gente tiene que ser consciente cuando adquiere las entradas que nos tiene que avisar para que se le puedan asignar los asientos que se ajustan a sus necesidades. Hemos intentado por todos los medios que estas personas tengan soluciones cómodas, pero evidentemente ha habido algunas adaptaciones que no se han podido llevar a cabo como poner un ascensor para subir al bar, ya que se trata de un edificio antiguo que no nos permite dicha reforma. De todos modos, contamos con ocho azafatas que atienden a estas personas.Las butacas reservadas para discapacitados nunca se ocupan si no vienen personas que las necesitan.

«Yo hago un humor crítico y social, pero aunque diga verdades como puños, lo hago en clave de humor, porque así entran mejor. Prefiero definirme como cómico y no como humorista porque ésta última limita mucho más. El humorista parece que sólo va a hacer reír. Yo soy artista cómico, y de cuando en cuando, saco la sonrisa».

—¿Crees que cada vez se tiende más a que los edificios de ocio se vayan adaptando?

M.B. Yo creo que está en la mente de todos. Lo que sí se ha conseguido en la actualidad es que la gente piense en ello porque antes  no se hacía. Lo único que ocurre es que la ley y los organismos oficiales, a veces no tienen la normativa clara. Lo que no puede ser es que la normativa de la Comunidad de Madrid sea distinta a la que hay en Barcelona. Si se cumplen las normas, y éstas cambian, tendrán que darnos ayudas para hacer los cambios pertinentes que obliga la ley. Las personas con discapacidad han de ser valientes y querer salir adelante y no quedarse en casa sin hacer nada, tanto los medios públicos como privados, han de ir adaptándose cada vez más a sus necesidades para el disfrute y seguridad de estas personas.

—A tu juicio, en el mundo artístico ¿existen prejuicios en torno a la discapacidad?

M.B. No, yo creo que el mundo del artisteo es muy comprensivo. Fíjate en el caso de Mariano Mariano, que va con muletas o en silla de ruedas y es un cachondo mental. Entre los dos teníamos pensado hacer un espectáculo en el que yo fuese ciego y él fuese en silla de ruedas, para reírnos del público, lo íbamos a titular Ven corriendo que no te veo. Los artistas entendemos muy bien esa problemática y cuando nos encontramos con alguien dentro de nuestro mundo con alguna discapacidad siempre le dedicamos algún detalle porque sabemos muy bien que no tienen facilidad para salir y estar en el teatro supone un esfuerzo para esa persona.

«La ley y los organismos oficiales, a veces no tienen la normativa clara y lo que no puede ser es que la normativa de la Comunidad de Madrid sea distinta a la que hay en Barcelona».

—Me han contado que su compromiso con el colectivo de la discapacidad viene de años atrás. Además de las actuaciones  llevadas a cabo en el teatro Amaya  realiza colaboraciones con asociaciones a favor de estas personas, como la Fundación Paideia de A Coruña y una asociación de personas con Síndrome de Down de Vigo.

M.B. Sí, también he tenido alguna atención con los chicos de Proyecto Hombre. Considero que está bien, no para hacerlo público pero sí para que estas personas sepan que no las olvidas, que los tienes presentes y que cuentan en la sociedad. Hay que hacerlo como algo necesario y lógico porque creo que es una obligación social. Entre otras iniciativas, el año que viene queremos poner precios especiales para la tercera edad. Lo que ocurre es que mi teatro es privado y el Gobierno no me ofrece ayudas para costear parte de esa entrada, lo que dificulta la viabilidad de esta oferta en el tiempo. Soy consciente de que hay que ayudar a estas personas pero yo tampoco puedo trabajar gratis y en este sentido sí que existe un vacío por parte de la administración. También es cierto que a veces son muy pocos los que se mueven e interesan por estas cuestiones y a la sociedad no le llega la información. Por ejemplo, yo veo muy poca gente discapacitada en las televisiones y no hay un programa serio dedicado a los discapacitados.

Moncho Borrajo 4—¿Cómo valoras el trabajo que realiza el movimiento asociativo a favor de este colectivo?

M.B. Aquí hay una labor social importantísima de muchas personas, de gente joven y de gente no tan joven que deja horas de su vida para atender a los demás y que no le dan la importancia que deberían. Lo que sí creo es que hay poca información. Una cosa es que los demás no sepan lo que haces y otra cosa es que la sociedad tiene que saber lo que se hace. La gente a veces no sabe lo que le ocurre por ejemplo al que padece una enfermedad como la esclerosis múltiple y considero que esto es un problema muy serio. Aparte de falta de información también hay falta de interés. En mi opinión, el Estado debería recomendar de alguna manera que las grandes empresas tuvieran una partida destinada a ayuda social.

—¿Qué opina de los que a pesar de contar con una discapacidad alcanzan un sueño y luchan por él?

«Creo que hay que buscarle el sentido positivo a la vida, porque sino te hundes en la miseria. No puedes tener pena de ti mismo, porque eso te aparta de los demás, y si tú no tienes fe en ti mismo los demás no te pueden ayudar».

M.B. Yo más de una vez he pensado qué haría si me quedara ciego, porque yo pinto. O si tuviera un accidente y perdiera un brazo. Estoy seguro de que seguiría luchando, yo haría un espectáculo en silla de ruedas. Sin duda, si me viese en una situación así seguiría para adelante. Yo creo que el ser humano no es consciente de la capacidad de aguante que tiene. Considero muy importante que además de sensibilizar a la sociedad con los problemas de estas personas hay que mentalizar a los discapacitados que la solución está en ellos y sólo en ellos. Las televisiones deberían dar más información al respecto. ¿Por qué no llevan a una tertulia a una persona en silla de ruedas?

—Si no me equivoco usted es superdotado y durante años lo pasó mal porque se sentía incomprendido. Usted entiende como se sienten las personas que se diferencian en algo de la mayoría. ¿Qué hizo para combatir esa situación?

M.B. Sí, este es otro problema. Al revés de los que tienen una deficiencia, yo tengo una “supervisión”, por así decirlo. Me enteré que era superdotado a los 20 años. Aprobaba todo en el colegio nada más que atendiendo en clase, lo cual me trajo muchos problemas porque no tenía hábito de estudio. Mis padres me han querido siempre muchísimo pero con los niños de mi edad yo me aburría y con los mayores era un pedante, lo cual me acarreó mucha soledad. Lo que ocurre es que los problemas que esto conlleva son problemas que no se ven, que están en mi interior. Gracias a Dios, ya lo he superado, tengo un compañero que lo entiende muy bien, pero es cierto que de pequeño lo pasas mal porque los demás no se dan cuenta de este problema. En mis años de niñez, además, no había colegios para niños superdotados, por lo que me sentía muy diferente y eso, unido a que desde pequeño he llevado gafas y a mi condición sexual, pues imagínate.

«El problema de las barreras en los edificios es importante. En el teatro Amaya hemos puesto una rampa que llega hasta la calle para acceder al patio de butacas,  hemos reservado sitios para sillas de ruedas y se han colocado bastantes barandillas».

—Aparte de su trabajo, ¿qué valor le da Moncho Borrajo al sentido del humor para afrontar el día a día?

M.B. Cuando te pasa algo que te cambia la vida, como puede ser una enfermedad, son momentos en los que ves la vida de otra manera, entonces le das importancia a las cosas de verdad y te das cuenta que no hay que preocuparse por todo, que todo no es importante, que a veces merece más la pena un café con un amigo que una discoteca hasta la seis de la mañana. Te das cuenta que es fundamental estar a gusto contigo mismo. Mirarte en el espejo y decir: “mido 1,67, no tengo los ojos azules, pero joder ¡qué majo soy!” Esa es la postura, saber que dentro de cada uno siempre hay cosas que superan los defectos y los defectos admitirlos con sentido del humor. Yo creo que hay que buscarle el sentido positivo a la vida, porque sino te hundes en la miseria. No puedes tener pena de ti mismo, porque eso te aparta de los demás.

«En el movimiento asociativo hay una labor social importantísima de muchas personas, de gente joven y de gente no tan joven que deja horas de su vida para atender a los demás y que no le dan la importancia que deberían».

—¿Cómo se define?

M.B. Soy una persona que es muy feliz haciendo felices a los demás. Viendo reír a los demás considero que tengo la profesión más hermosa del mundo. Recuerdo una vez que me enfadé mucho porque había poca gente en el teatro y mi madre me dijo que aunque sólo hubiese una persona a la que hubiera hecho reír, mi vida ya merecía la pena. Cuando ves el teatro lleno de gente, que en dos horas se han olvidado de sus problemas y se han estado riendo, dices, “joder, qué bien”.

—Y para una profesión como la suya, para afrontar el éxito y para la vida en general, ¿cuáles cree que son los referentes a tener en cuenta?

M.B. Creo que es bueno no creértelo del todo, pensar siempre que al día siguiente puede fallar, no confiarte porque si lo haces es cuando fallas. Pero sobre todo, yo intento ser el mejor del mundo encima de un escenario y cuando acaba la función volver a ser el Moncho que soy. Creo que en esta vida hay que intentar ser lo mejor posible, pero luego no creérselo.

 

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